Derriban avión en Ucrania con 49 pasajeros y ninguno sobrevive

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(Aeronoticias).- Los insurgentes dispararon un misil tierra-aire contra el avión de transporte del tipo Iliushin IL-76 cuando la nave estaba aterrizando por la noche en Lugansk. Ninguno de los ocupantes sobrevivió. El ataque fue el golpe más duro que ha recibido el Ejército ucraniano desde el inicio de su «ofensiva antiterrorista» contra los separatistas a mediados de abril.

 

Aún no habían sido recogidos los restos del avión militar ucraniano derribado en Lugansk cuando el presidente Petro Poroshenko amenazó a los responsables de la muerte de 49 soldados con tomar venganza. El jefe de Estado prooccidental anunció en duros términos que los separatistas prorrusos en el este del país pagarán un alto precio por este «cínico acto terrorista».

 

Los ucranianos recordaron este domingo a las víctimas guardando un minuto de silencio y rezando. Sin embargo, durante la jornada de duelo también se escucharon críticas de quienes creen que la tragedia pudo haberse evitado. Lugansk es desde hace varias semanas un peligroso feudo de grupos extremistas, indicó DPA.

El derribo del avión supone un fuerte desafío para Poroshenko, tan solo una semana después de su toma de posesión. Antes de ser elegido presidente, el empresario multimillonario, de 48 años, estaba acostumbrado a tener la sartén por el mango. Ya ahora, sin embargo, Proshenko es un hombre impulsado por el sangriento conflicto en su país, dijo el politólogo ucraniano Vladimir Fessenko. El presidente se ve sometido a una enorme presión política interna para actuar ya.

Es de prever, después del derribo del avión, que se alcen más voces en los medios cercanos al presidente para que decrete la ley marcial en las asediadas regiones rusófonas de Lugansk y Donetsk. Moscú se opone terminantemente a esa opción y Poroshenko aspira a mejorar las relaciones entre Ucrania y Rusia. El nuevo jefe de Estado se ha pronunciado hasta ahora en términos bastante discretos sobre el poderoso vecino del este.

El politólogo Dmitri Trenin, del Carnegie Center Moscú, opina que Prososhenko debería cooperar con el presidente ruso, Vladimir Putin, para poder aplicar su plan de paz en el este de Ucrania. Sin embargo, la disputa sobre el precio de los suministros rusos de gas y las deudas por varios miles de millones de dólares que Kieve tiene contraídas con Moscú siguen enturbiando las relaciones bilaterales.

La satisfacción por la contundente victoria electoral de Poroshenko también fue grande en Occidente, pero hasta ahora no se han cumplido las esperanzas de un avance decisivo en los intentos de buscar una solución al conflicto en el este de la antigua república soviética.

«El anuncio por parte de Proshenko de una tregua ha sido papel mojado hasta ahora», criticó el periódico «Segodnia». Miles de habitantes de las ciudades asediadas, la mayoría de ellos sin agua y muchas veces sin electricidad, siguen esperando la apertura de corredor seguro para los refugiados, también anunciado por Poroshenko.

Muchos están huyendo por su propia cuenta dejando atrás sus pertenencias. Sin embargo, los billetes de tren para viajar a las regiones occidentales de Ucrania, que son seguras, están casi agotados. De cualquier manera, el Estado no está preparado para recibir a los refugiados, comentaron medios en Kiev. «Ni está claro cuál es su estatus ni hay albergues para acogerlos», escribió un periódico capitalino. En la prensa hay cada vez más informaciones que apuntan a que los refugiados solo encuentran hospedaje gracias a iniciativas privadas, por ejemplo por parte del movimiento de Maidan en Kiev.

La «ofensiva antiterrorista» tampoco parece ser un éxito. Es cierto que las tropas del gobierno han reconquistado la importante ciudad portuaria de Mariupol, pero también han sufrido reveses una y otra vez, como en Lugansk.

«El derribo (del avión) ha dejado en claro dolorosamente que el presidente no puede reivindicar el habitual plazo de gracia de 100 días», dice el politólogo Vitali Portnikov en Kiev, porque en Ucrania han pasado últimamente demasiadas cosas. «La gente está agotada y ansía una perspectiva», afirma el analista.

 

Fuente: El Universal

Foto: El Universal


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