El expresidente Toledo, agazapado por sus declaraciones

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(Aeronoticias).- Si en algún momento exmandatario Alejandro Toledo tuvo la oportunidad de ser presidente para las elecciones 2016, éstas difícilmente podrán concretarse tras su «asesinato» político, cuyo gran culpable no es otro que el mismo Alejandro Toledo. Su dualidad mesiánica-mitomaníaca se encargó de levantar sepultura para sus aspiraciones electorales, cuando éste creyó que la ciudadanía poco o nada le importaría el caso de las casas compradas gracias a la sociedad Ecoteva.

El asunto es tan grave que Humala, en la cuerda floja, prefirió deshacerse de su exaliado.

«No blindamos a nadie y han sido las instrucciones claras a nuestra bancada. Queremos justicia, porque a todos se les debe aplicar la ley», dijo el presidente, ganándose la furia del vocero de la Chakana, Juan Sheput, tachándole de ser desleal.

A pesar del grito de guerra de Sheput, éste sería una expresión de fanático más que de seguidor: Al interior de Perú Posible, cuenta La República, ronda el fantasma de la «licencia» al hombre «sano y sagrado».

Quizá lo más perturbador de lo ocurrido es que hayamos tenido un presidente que -antes, durante o después, hasta ahora no se conoce- termine andando por esos rumbos, sea el mismo que nos representara. El trabajo de Toledo durante el 2001 hasta el 2006, si bien permitió conducir al país a las puertas de una bonanza económica coyuntural que está a visos de desvanecerse, no reforzó la democracia que tanto se necesitaba tras el fiasco 1990-2000. Si las críticas al expresidente -por abortar un proyecto de ese corte en el que la ciudadanía confíe en un sistema realmente sostenible- terminan siendo justas, ahora se puede afirmar que apenas son blandas, porque la mentira tras mentira de Toledo Manrique ha socavado la creencia hasta en sus partidarios.

Con información de La República.

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