Ryanair lanza la bomba: habrá caos de vuelos este verano y estas son las razones

Si no se adoptan cambios profundos, el verano de 2026 podría convertirse en un nuevo punto de inflexión, evidenciando los límites del sistema y reforzando la presión para acelerar reformas largamente postergadas.

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(Aeronoticias): La temporada alta de viajes de 2026 amenaza con convertirse en una de las más complicadas de los últimos años. Así lo ha advertido Ryanair, que ha encendido todas las alarmas al anticipar un verano marcado por retrasos, cancelaciones y una fuerte tensión operativa en los cielos europeos.

La aerolínea irlandesa apunta directamente a los problemas estructurales del control del tráfico aéreo como el principal factor de riesgo, en un contexto en el que la demanda sigue creciendo y la capacidad del sistema no logra acompasarse al mismo ritmo.

La advertencia llega con meses de antelación, pero ojo no es casual. El sector arrastra desde hace años una combinación de escasez de personal, infraestructuras saturadas y una coordinación desigual entre países que vuelve especialmente frágil el sistema durante los picos de tráfico.

Para Ryanair, el escenario de 2026 reúne todos los ingredientes para repetir, e incluso superar, los episodios de caos vividos en veranos anteriores.

El control del tráfico aéreo, en el centro del problema

El foco de la preocupación está puesto en el control del tráfico aéreo europeo, un sistema que opera de forma fragmentada y que depende de proveedores nacionales con niveles de recursos y eficiencia muy dispares.

Según ha explicado el consejero delegado de RyanairMichael O’Learylas debilidades estructurales siguen sin resolverse y podrían desencadenar una oleada de incidencias cuando aumente el volumen de vuelos.

Las rutas que atraviesan Francia y España se sitúan entre las más sensibles, ya que canalizan buena parte del tráfico continental.

Cualquier limitación en estos espacios aéreos tiene un efecto dominó inmediato sobre el resto de la red, afectando incluso a vuelos que no tienen origen ni destino en esos países. La congestión, unida a la escasez de controladores disponibles, convierte cualquier incidencia puntual en un problema de alcance europeo.

Ryanair subraya que estas disfunciones no son nuevas. Durante los últimos veranos, las huelgas, la falta de personal y los retrasos acumulados han sido una constante, pese a que la industria ya había advertido del riesgo de colapso si no se actuaba con antelación.

Un sistema tensionado por la falta de personal

Uno de los grandes cuellos de botella sigue siendo la formación de controladores aéreos.

Se trata de un proceso largo, que puede extenderse durante varios años, lo que impide responder con rapidez a picos de demanda o a jubilaciones masivas. Tras la pandemia, muchos centros no recuperaron el nivel de plantilla previo, mientras que el tráfico aéreo sí lo ha hecho, e incluso lo ha superado en algunas rutas.

A esta situación se suman las restricciones del espacio aéreo en el este de Europa, que han obligado a desviar numerosos vuelos hacia corredores alternativos. Este reajuste ha incrementado la carga de trabajo en zonas ya saturadas, elevando el riesgo de retrasos en cadena durante los meses de mayor actividad.

Los datos del sector confirman esta tendencia. Las limitaciones de personal se han consolidado como una de las principales causas de demoras en Europa, por delante incluso de la meteorología o de los problemas técnicos en aeropuertos. En un sistema tan interconectado, el rendimiento del conjunto depende del eslabón más débil.

Críticas a la falta de reformas estructurales

Desde Ryanair se insiste en que el problema no es coyuntural, sino estructural. La aerolínea considera que la planificación de recursos humanos y la gestión del tráfico aéreo en Europa carecen de la flexibilidad necesaria para adaptarse a picos estacionales.

A su juicio, la falta de incentivos y de mecanismos de rendición de cuentas ha perpetuado un modelo ineficiente.

La compañía también ha reclamado una mayor armonización de los estándares operativos entre países y una supervisión más estricta de los proveedores de navegación aérea.

En su opinión, mientras las aerolíneas están sujetas a exigentes controles de puntualidad y capacidad, los servicios de control no asumen un nivel de responsabilidad equivalente cuando se producen interrupciones masivas.

Este desequilibrio, según O’Leary, explica por qué los retrasos se repiten año tras año sin que se adopten medidas de fondo. A ello se suma la lentitud en la implantación del proyecto de Cielo Único Europeo, concebido precisamente para optimizar la gestión del espacio aéreo y reducir la fragmentación actual.

Un verano que puede poner a prueba al sector

La advertencia de Ryanair no es algo aislado. Otras aerolíneas y asociaciones del sector comparten la preocupación por la capacidad del sistema para absorber el aumento previsto de pasajeros.

La demanda sigue al alza, impulsada por la recuperación del turismo internacional y el crecimiento del tráfico de ocio, especialmente en el sur de Europa.

Fuente: aviaciondigital.com