(Aeronoticias):
En 2025, para muchos pasajeros el viaje aéreo comienza con una sensación de desgaste incluso antes de llegar a la puerta de embarque. La congestión en los controles de seguridad se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción en los aeropuertos, influyendo de manera directa en la percepción global del viaje y en la relación del pasajero con aerolíneas y operadores aeroportuarios.
Aunque la seguridad sigue siendo incuestionable, la forma en que se gestiona hoy empieza a mostrar límites operativos evidentes.
Un cuello de botella cada vez más frecuente
El crecimiento del tráfico aéreo no ha sido acompañado siempre por una expansión proporcional de los controles de seguridad. En muchos aeropuertos, las mismas áreas deben absorber un volumen mayor de pasajeros, concentrado además en horarios muy específicos.
Esto genera filas prolongadas, tiempos imprevisibles y una experiencia inicial que condiciona todo el viaje.
Picos mal distribuidos y planificación insuficiente
Uno de los problemas más visibles es la acumulación de vuelos en determinadas franjas horarias. Cuando varias salidas coinciden, los controles de seguridad se ven rápidamente desbordados, incluso en aeropuertos modernos.
La congestión no siempre responde a falta de recursos, sino a una planificación deficiente de flujos y horarios.
El impacto psicológico en el pasajero
El control de seguridad es el primer punto donde el pasajero siente que pierde control sobre su tiempo. No saber cuánto demorará el proceso genera ansiedad, especialmente en quienes tienen conexiones ajustadas o compromisos posteriores.
Este estrés inicial se arrastra durante el resto del viaje, incluso si el vuelo transcurre sin problemas.
Percepción de responsabilidad difusa
Para el pasajero, la distinción entre aeropuerto, autoridad de seguridad y aerolínea suele ser irrelevante. La experiencia negativa se atribuye al sistema en su conjunto, afectando la imagen de todos los actores involucrados.
Esto convierte a los controles de seguridad en un punto crítico de reputación compartida.
Diferencias marcadas entre aeropuertos
No todos los aeropuertos enfrentan el problema de la misma manera. Algunos logran flujos relativamente ágiles gracias a mejor diseño, señalización clara y personal bien coordinado. Otros presentan cuellos de botella recurrentes que se repiten día tras día.
Estas diferencias influyen en la preferencia del pasajero y en la percepción de calidad de cada terminal.
El rol de la información y la comunicación
Más allá del tiempo real de espera, la falta de información agrava la experiencia. No saber qué fila avanzar, cuánto falta o si existe una alternativa genera frustración innecesaria.
Una comunicación clara y visible puede reducir significativamente la tensión, incluso cuando la congestión es inevitable.
Efectos en la puntualidad y las operaciones
La congestión en seguridad no solo afecta al pasajero. Cuando grandes grupos llegan tarde a la puerta de embarque, se generan retrasos que impactan la puntualidad de los vuelos y la rotación de aeronaves.
Esto crea un círculo vicioso donde un problema en tierra se traduce en demoras en el aire.
Mayor presión sobre el personal aeroportuario
El personal de seguridad opera bajo presión constante, gestionando grandes volúmenes de pasajeros en tiempos limitados. Esta exigencia sostenida aumenta el riesgo de errores y desgaste laboral.
La eficiencia del sistema depende en gran medida de su capacitación y condiciones de trabajo.
Replantear la experiencia desde el inicio del viaje
En 2025, los aeropuertos comienzan a reconocer que la experiencia del pasajero se define desde el primer control. Mejorar este punto no es un lujo, sino una necesidad para mantener estándares aceptables de servicio.
Pequeños ajustes en flujos, horarios y comunicación pueden generar mejoras significativas.
Un desafío estructural que exige soluciones integrales
La congestión en los controles de seguridad no se resolverá con una sola medida. Requiere coordinación entre aeropuertos, aerolíneas y autoridades, así como una planificación más realista del crecimiento del tráfico.
Mientras tanto, el pasajero sigue enfrentando uno de los momentos más tensos de su viaje.
Una experiencia que marca la percepción global
Aunque el vuelo sea cómodo y puntual, una mala experiencia en seguridad suele ser lo primero que el pasajero recuerda. En un mercado cada vez más competitivo, este punto puede definir si el viajero vuelve o busca alternativas.
En 2025, los controles de seguridad dejan de ser solo un requisito operativo para convertirse en uno de los factores clave de la experiencia aérea moderna.
Fuente: Sebastian Palacín



