(Aeronoticias): El 26 de octubre de 1990, el Vuelo British Airways 5390 protagonizó uno de los incidentes más impactantes relacionados con fallas en la cabina durante el vuelo. El avión, un BAC 1-11 operado por British Airways, cubría la ruta entre Birmingham y Málaga.
Poco después del despegue, a unos 5,000 metros de altitud, el parabrisas delantero del lado del capitán se desprendió repentinamente debido a una instalación incorrecta de los tornillos durante mantenimiento.
La descompresión fue inmediata y extremadamente violenta. El capitán fue parcialmente succionado fuera de la cabina, quedando atrapado contra el exterior del avión mientras la aeronave continuaba en vuelo.
En una escena dramática, un miembro de la tripulación sostuvo al piloto durante varios minutos para evitar que fuera expulsado completamente, mientras el copiloto asumía el control total del avión.
A pesar de las condiciones extremas, el copiloto logró descender la aeronave y realizar un aterrizaje de emergencia exitoso en Southampton.
Milagrosamente, el capitán sobrevivió al incidente, a pesar de haber estado expuesto a temperaturas extremas y fuertes vientos a gran altitud.
La investigación determinó que la causa fue un error de mantenimiento: se instalaron tornillos incorrectos en el parabrisas, lo que provocó su desprendimiento bajo presión.
Este caso no involucró una puerta, pero sí una apertura crítica en la estructura del avión que generó una descompresión severa, con consecuencias potencialmente fatales.
El incidente llevó a cambios importantes en los procedimientos de mantenimiento y control de calidad, enfatizando la verificación de componentes críticos.
El vuelo British Airways 5390 es recordado como un ejemplo extremo de supervivencia y trabajo en equipo, donde la rápida acción de la tripulación evitó una tragedia.
Hoy, sigue siendo uno de los casos más impresionantes de la aviación, demostrando que incluso en situaciones límite, la preparación puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Fuente: Sebastian Palacin



