(Aeronoticias): Aunque muchas mujeres pueden viajar sin inconvenientes durante gran parte del embarazo, los especialistas suelen recomendar mayor precaución a partir de la semana 30 debido al aumento de riesgos y posibles complicaciones asociadas al tercer trimestre.
A medida que avanza la gestación, el cuerpo experimenta cambios importantes. El crecimiento del bebé reduce el espacio disponible para órganos y pulmones, lo que puede provocar mayor cansancio, dificultad para permanecer sentada durante largos períodos y molestias circulatorias.
Uno de los principales motivos de preocupación es la posibilidad de un parto prematuro. Aunque la mayoría de embarazos llegan a término, el riesgo de contracciones, ruptura prematura de membranas o emergencias obstétricas aumenta conforme se acerca la fecha de parto.
Los viajes largos, especialmente en avión, pueden dificultar el acceso inmediato a atención médica especializada si surge una complicación durante el trayecto o al llegar a un destino remoto.
Otro factor importante es el incremento del riesgo de trombosis venosa profunda. Permanecer muchas horas sentada puede favorecer la formación de coágulos sanguíneos en las piernas, una condición que ya presenta mayor probabilidad durante el embarazo debido a cambios hormonales y circulatorios.
Además, la fatiga suele aumentar significativamente durante las últimas semanas. Muchas embarazadas experimentan dolor lumbar, inflamación de piernas y pies, dificultades para dormir y menor tolerancia a jornadas extensas de turismo o desplazamientos.
Las aerolíneas también aplican restricciones más estrictas conforme avanza el embarazo. Algunas solicitan certificados médicos desde las semanas 28 a 32, mientras que otras limitan o prohíben el embarque en etapas más cercanas al parto para reducir riesgos durante el vuelo.
Los especialistas señalan que no existe una semana exacta universal en la que viajar sea peligroso para todas las embarazadas. La recomendación depende del estado de salud de la madre, antecedentes obstétricos y evolución del embarazo.
Sin embargo, muchas guías médicas consideran que después de la semana 30 es prudente reducir los viajes largos y priorizar destinos cercanos a centros médicos con capacidad para atender emergencias obstétricas y neonatales.
En embarazos de alto riesgo, como aquellos con hipertensión gestacional, diabetes gestacional mal controlada, antecedentes de parto prematuro o embarazos múltiples, las restricciones suelen ser aún mayores.
Por ello, antes de planificar cualquier desplazamiento durante el tercer trimestre, los expertos recomiendan consultar con el obstetra tratante, revisar las políticas de la aerolínea y evaluar la disponibilidad de atención médica en el destino.
En conclusión, viajar después de la semana 30 no siempre está prohibido, pero sí requiere una evaluación mucho más cuidadosa. A medida que se acerca el nacimiento, la prioridad pasa a ser la seguridad de la madre y del bebé ante cualquier eventualidad.
Fuente: Sebastian Palacin



