(Aeronoticias): Mantener una base científica en la Antártida sería prácticamente imposible sin la aviación. En el continente más frío, seco y ventoso del planeta, los aviones desempeñan un papel esencial para transportar investigadores, alimentos, combustible, equipos científicos y suministros que permiten el funcionamiento de las estaciones durante todo el año.
A diferencia de los aeropuertos convencionales, muchas de las pistas de aterrizaje antárticas están construidas sobre hielo compactado, nieve o plataformas glaciares. Las bajas temperaturas, que pueden descender por debajo de los -50 °C durante el invierno, obligan a utilizar procedimientos de operación muy diferentes a los de cualquier otro lugar del mundo.
Una de las instalaciones más importantes es el Aeródromo Phoenix, ubicado cerca de la estación estadounidense McMurdo. Esta pista, inaugurada en 2017 para reemplazar antiguas instalaciones sobre hielo estacional, fue diseñada para operar durante una mayor parte del año y recibir aeronaves de gran tamaño como el Lockheed C-17 Globemaster III, utilizado para transportar carga pesada y personal científico desde Nueva Zelanda.
Otra infraestructura clave es la pista de hielo azul de Union Glacier, operada por Antarctic Logistics & Expeditions (ALE). Gracias a la dureza natural del hielo azul, pueden aterrizar aeronaves de ruedas convencionales, incluyendo aviones de pasajeros adaptados para expediciones científicas y turísticas.
Australia opera vuelos regulares hacia la Antártida mediante el programa Australian Antarctic Program, conectando Tasmania con la pista Wilkins Aerodrome, situada a unos 70 kilómetros de la estación Casey. Estos vuelos reducen el tiempo de viaje de varios días por mar a aproximadamente cinco horas por aire, permitiendo una respuesta mucho más rápida para el relevo de personal y el transporte de suministros urgentes.
Chile y Argentina también desempeñan un papel estratégico en la aviación antártica debido a su proximidad geográfica. Desde la ciudad chilena de Punta Arenas despegan numerosas misiones científicas y logísticas hacia distintas bases internacionales, mientras que la Fuerza Aérea Argentina mantiene operaciones de abastecimiento para sus bases permanentes en el continente blanco.
Uno de los mayores desafíos para los pilotos es el clima extremadamente variable. La visibilidad puede cambiar en cuestión de minutos debido al fenómeno conocido como whiteout, donde el cielo y la superficie nevada se fusionan visualmente, dificultando distinguir el horizonte y aumentando considerablemente la complejidad de las maniobras.
Además, las operaciones requieren una planificación minuciosa debido a la ausencia de aeropuertos alternativos cercanos y a la limitada infraestructura disponible para emergencias.
Expertos en aviación polar consideran que volar en la Antártida representa uno de los mayores retos para cualquier tripulación. Cada operación exige entrenamiento especializado, aeronaves preparadas para temperaturas extremas y una coordinación constante entre las bases científicas y los centros meteorológicos.
Más allá del transporte, la aviación también hace posible investigaciones sobre el cambio climático, la glaciología, la astronomía y la biodiversidad, permitiendo que científicos de decenas de países trabajen durante todo el año en uno de los laboratorios naturales más importantes del planeta.
En conclusión, las bases aéreas de la Antártida son mucho más que simples pistas de aterrizaje. Constituyen el puente que conecta al continente más aislado de la Tierra con el resto del mundo, haciendo posible la investigación científica, el abastecimiento de las estaciones y la presencia humana permanente en uno de los entornos más extremos conocidos.
Fuente: Sebastian Palacin



