(Aeronoticias):
La aviación comercial atraviesa uno de los cambios estructurales más importantes de su historia reciente. Durante 2025, el uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF, Sustainable Aviation Fuel) ha dejado de ser un proyecto piloto para convertirse en una prioridad estratégica para aerolíneas, aeropuertos y gobiernos. Aunque su adopción aún enfrenta desafíos técnicos y económicos, el avance del SAF marca un punto de inflexión en la manera en que la industria aborda el impacto ambiental del transporte aéreo.
Aerolíneas de Europa y Norteamérica lideran esta transición, impulsadas tanto por compromisos climáticos como por nuevas regulaciones que exigen una reducción progresiva de emisiones de carbono.
¿Qué es el SAF y por qué es clave para la aviación?
El SAF es un combustible producido a partir de materias primas sostenibles, como residuos orgánicos, aceites usados o biomasa, que puede reducir las emisiones de CO₂ hasta en un 80 % en comparación con el combustible fósil tradicional, considerando todo su ciclo de vida.
Una de sus mayores ventajas es que puede utilizarse en aeronaves actuales sin necesidad de modificar motores o sistemas, lo que lo convierte en la opción más inmediata y viable para reducir la huella ambiental del sector aéreo.
Aerolíneas que lideran la adopción en 2025
Durante este año, varias aerolíneas han reforzado acuerdos de suministro de SAF a largo plazo. Lufthansa Group, Air France-KLM y United Airlines destacan entre las compañías que han incrementado el porcentaje de SAF en sus operaciones, especialmente en rutas desde aeropuertos europeos donde ya existen mandatos regulatorios.
United, por ejemplo, ha invertido directamente en plantas productoras de SAF en Estados Unidos, asegurando suministro futuro y reduciendo dependencia de combustibles tradicionales. En Europa, Air France-KLM ha integrado el SAF como parte de su estrategia de descarbonización, combinándolo con renovación de flota y optimización de rutas.
Regulaciones que aceleran el cambio
La Unión Europea ha establecido objetivos claros para el uso obligatorio de SAF en vuelos que despegan desde aeropuertos europeos, con incrementos progresivos a lo largo de la próxima década. Estas regulaciones han obligado a aerolíneas y operadores a adaptarse rápidamente, impulsando inversiones en producción y logística.
Estados Unidos sigue una línea similar, apoyando el desarrollo del SAF mediante incentivos fiscales y programas de innovación. Estas políticas buscan reducir costos y fomentar la producción a gran escala, uno de los principales desafíos actuales.
El gran reto: costos y disponibilidad
A pesar del entusiasmo, el SAF todavía representa una fracción mínima del consumo total de combustible aéreo. Su costo puede ser entre dos y cinco veces mayor que el combustible convencional, lo que limita su adopción masiva.
Además, la producción global aún es insuficiente para cubrir la demanda potencial. Por ello, aerolíneas y fabricantes coinciden en que la transición será gradual y dependerá de una expansión significativa de la capacidad productiva en los próximos años.
Fabricantes y aeropuertos también juegan un rol clave
Airbus y Boeing han certificado sus aeronaves para operar con mezclas cada vez mayores de SAF, con el objetivo de llegar al 100 % de compatibilidad en el futuro. Este avance técnico es fundamental para eliminar barreras operativas y acelerar la transición.
Por su parte, aeropuertos como Ámsterdam-Schiphol, París-Charles de Gaulle y Los Ángeles han comenzado a invertir en infraestructura para almacenar y distribuir SAF de forma eficiente, integrándolo a sus operaciones regulares.
El impacto en el pasajero
Para los viajeros, el uso de SAF no implica cambios visibles en la experiencia de vuelo. Sin embargo, muchas aerolíneas ya ofrecen programas voluntarios donde los pasajeros pueden contribuir al uso de SAF mediante tarifas sostenibles o compensaciones ambientales.
Este enfoque busca involucrar al consumidor en la transición ecológica sin trasladar de forma directa el mayor costo del combustible al precio final del boleto.
Un paso necesario hacia la descarbonización
La aviación representa aproximadamente el 2–3 % de las emisiones globales de CO₂, y aunque esta cifra pueda parecer reducida, el crecimiento proyectado del tráfico aéreo obliga a actuar con rapidez. El SAF se perfila como la herramienta más efectiva a corto y mediano plazo para reducir emisiones sin frenar la conectividad global.
Expertos coinciden en que, si bien no es una solución única, el SAF será el pilar central de la estrategia climática de la aviación durante las próximas décadas.
El 2025 como año de transición real
Más allá de anuncios y compromisos, el 2025 marca el momento en que el SAF comienza a integrarse de manera concreta en las operaciones diarias de las aerolíneas. La combinación de presión regulatoria, innovación tecnológica y demanda social está empujando a la industria hacia un modelo más sostenible.
El desafío ahora es escalar la producción, reducir costos y asegurar que esta transición sea viable tanto para grandes aerolíneas como para operadores más pequeños. Lo que está claro es que el combustible del futuro ya no es una promesa lejana, sino una realidad que empieza a despegar.
Fuente: Sebastian Palacín



