(Aeronoticias): Aviación Digital, Sp.- ¿Puede Elon Musk comprar Ryanair? Todo empezó como un simple cruce de comentarios en redes sociales con el consejero delegado de la aerolínea, el también polémico Michael O’Leary. Sin embargo, las cosas terminaron mal, muy mal.
La tensión entre ambas «estrellas» de las redes sociales implosionó tras unas declaraciones de O’Leary en las que descartaba la instalación de Starlink en los aviones de Ryanair.
El directivo argumentó que el sistema de conectividad supondría un aumento del peso y una penalización aerodinámica que afectaría al consumo de combustible, además de no encajar con el modelo de eficiencia extrema de la aerolínea.
Tras ello, la respuesta de Musk no tardó en llegar. A través de su red social, el empresario calificó esas afirmaciones de erróneas y respondió con descalificaciones directas, poniendo en duda el conocimiento técnico del directivo irlandés.
El cruce de mensajes subió rápidamente de tono. Y fue entonces cuando llegaron los insultos cruzados y las referencias personales.
En realidad, se trata de dos estilos opuestos respecto a dicho tema. Por un lado, el de Musk, habituado a utilizar la provocación y la exposición mediática como herramienta de influencia.
Y por otro, el del directivo irlandés, defensor de un modelo de bajo coste basado en disciplina financiera y control férreo del negocio.
Pero en el fondo del asunto y más allá de la polémica, la legislación europea bloquea cualquier intento real de hacerse con el control de Ryanair.
La provocación de “comprar Ryanair” y la respuesta de O’Leary
En medio del intercambio de palabras malsonantes, Musk llegó a lanzar una encuesta preguntando a sus seguidores si debería comprar Ryanair y “devolver a Ryan al mando”, en una clara alusión tanto al apellido del fundador histórico como a su propia experiencia tras adquirir Twitter.
En realidad, no existe ningún movimiento real que apunte a una operación en curso, pero el simple hecho de plantearlo generó -como era de esperar- un enorme eco mediático.
Y para colmo, Ryanair, fiel a su estilo, respondió con campañas publicitarias burlonas, incluyendo promociones con mensajes dirigidos al propio Musk y a otros “genios” de las redes sociales.
Michael O’Leary afirmó que Musk “sabe aún menos sobre las normas de propiedad de aerolíneas que sobre la aerodinámica de los aviones”, y recordó que la estructura de propiedad de las aerolíneas europeas impide movimientos de este tipo.
La compañía incluso aprovechó la situación para reforzar su imagen, lanzando mensajes irónicos en los que ofrecía oferta de asientos para “idiotas, especialmente para Elon y cualquier otro idiota en X” (…) “100.000 asientos por solo 16,99 euros. Cómpralo ahora antes de que Musk consiga uno”.
El verdadero obstáculo: la normativa europea
Más allá de esta pelea de gallos en redes, el principal freno a cualquier intento real de adquisición está en la legislación comunitaria.
La normativa europea establece que las aerolíneas que operan dentro del espacio aéreo de la Unión deben ser propiedad mayoritariamente europea, con al menos un 51% del capital en manos de ciudadanos o entidades del bloque.
Este requisito no es una formalidad. Está diseñado para garantizar el control estratégico del transporte aéreo y evitar que compañías extracomunitarias influyan en sectores considerados críticos.
En el caso de Ryanair, cuya estructura accionarial está ampliamente diversificada pero con fuerte presencia europea, cualquier intento de toma de control por parte de un inversor no comunitario chocaría frontalmente con la regulación.
Incluso aunque Musk intentara una operación parcial, el control efectivo de la compañía seguiría estando vetado. La normativa no solo atiende al porcentaje de acciones, sino también al poder real de decisión, lo que haría prácticamente inviable una maniobra de este tipo.
En conclusión, si Elon Musk quisiera su propia aerolínea primero debería averiguar si puede comprar una de EEUU porque en el caso de Ryanair es imposible y, a parte, ni tan siquiera está en venta.
Fuente: aviaciondigital.com



