(Aeronoticias): Canadá ha dado un paso de gran calado en su política de seguridad y desarrollo económico con la presentación de su primera hoja de ruta integral para el sector de defensa.
El plan redefine la relación entre las Fuerzas Armadas Canadienses y el tejido industrial del país, al vincular directamente la soberanía estratégica con la capacidad productiva nacional.
Se trata de una transformación estructural que combina objetivos militares, industriales y tecnológicos bajo un mismo marco de planificación a diez años.
El nuevo enfoque parte de una premisa clara: reforzar la autonomía en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, rivalidad tecnológica y competencia por recursos críticos.
El Ejecutivo canadiense aspira a alcanzar el umbral del 2% del PIB en gasto en defensa, alineándose con los compromisos asumidos en el ámbito atlántico. En paralelo, las solicitudes de ingreso en las Fuerzas Armadas han crecido cerca de un 13%, reflejo de un renovado interés por el servicio militar en un entorno de mayor conciencia sobre la seguridad.
Una movilización económica sin precedentes
El programa contempla alrededor de 290.000 millones de dólares canadienses en inversión en defensa durante la próxima década, junto a oportunidades de adquisición valoradas en 180.000 millones.
En conjunto, la estrategia supera el medio billón de dólares, una cifra inédita en la historia reciente del país en este ámbito.
Las proyecciones oficiales apuntan a un impacto económico acumulado de 125.000 millones de dólares canadienses hacia 2035.
A ello se suma la previsión de generar hasta 125.000 empleos de alta cualificación y remuneración, con especial incidencia en ingeniería avanzada, manufactura especializada y tecnologías digitales.
La ambición de Canadá incluye incrementar un 50% las exportaciones de productos y sistemas de defensa, elevar hasta el 70% la proporción de contratos adjudicados a empresas nacionales y multiplicar por más de dos los ingresos del sector, con un crecimiento estimado del 240%.
Este impulso pretende revertir críticas recurrentes al sistema de adquisiciones, tradicionalmente señalado por su lentitud y dependencia de proveedores extranjeros.
La reforma busca simplificar procedimientos, reducir tiempos de autorización y priorizar el contenido local en los grandes programas de equipamiento.
Producción nacional y cadenas de suministro resilientes
El eje central del plan es la apuesta decidida por la fabricación en territorio canadiense. Sectores estratégicos como el naval, aeroespacial, espacial, sistemas terrestres y tecnologías digitales se consideran prioritarios para el desarrollo interno.
La adquisición a socios internacionales se reserva para situaciones específicas y bajo condiciones que garanticen retornos industriales y transferencia de conocimiento hacia la economía canadiense.
Para reforzar la resiliencia, se pondrá en marcha un Programa de Resiliencia de la Industria de Defensa orientado a fortalecer la cadena de suministro. Entre las primeras medidas figura la producción doméstica de nitrocelulosa, un insumo crítico para munición de artillería cuya disponibilidad se ha convertido en un factor estratégico a escala global.
El objetivo es reducir vulnerabilidades frente a interrupciones externas y asegurar un acceso estable a materiales esenciales.
La estrategia incorpora además una Agenda de Competencias de Defensa destinada a formar a la próxima generación de técnicos y especialistas. La coordinación con provincias y territorios, así como con comunidades indígenas, adquiere especial relevancia en el Ártico, donde confluyen intereses de soberanía, recursos minerales críticos y presencia militar.
Innovación tecnológica y financiación a empresas
El plan concede un papel destacado a la innovación y a las tecnologías de doble uso, aquellas con aplicaciones tanto civiles como militares. El Gobierno canalizará 4.000 millones de dólares canadienses a través del Business Development Bank of Canada para facilitar capital a pequeñas y medianas empresas del sector.
A ello se suman 656,9 millones destinados a la comercialización de tecnologías de defensa y 105 millones para la creación de un centro especializado en sistemas no tripulados y drones.
La coordinación de la investigación en tecnologías de frontera recaerá en una nueva oficina denominada BOREALIS, centrada en inteligencia artificial, computación cuántica, espacio y capacidades emergentes. El propósito es posicionar a Canadá en segmentos de alto valor añadido donde la ventaja competitiva depende de la inversión sostenida en I+D.
En paralelo, se crea una Agencia de Inversión en Defensa encargada de articular un Foro Consultivo permanente con la industria. Esta estructura pretende agilizar procesos, acelerar autorizaciones de seguridad para personal cualificado y eliminar cuellos de botella administrativos que históricamente han retrasado proyectos clave.
Seguridad, soberanía y minerales críticos
La estrategia integra la política industrial con la explotación responsable de minerales críticos esenciales para sistemas avanzados de defensa, como baterías, componentes electrónicos y plataformas espaciales.
La aceleración de proyectos extractivos y de transformación se considera fundamental para asegurar suministros en un entorno de competencia internacional por recursos estratégicos.
Fuente: aviaciondigital.com



