(Aeronoticias):
El 28 de noviembre de 1987, el vuelo South African Airways 295, apodado Helderberg, se convirtió en una de las tragedias más profundas y debatidas de la historia de la aviación comercial sudafricana. Un Boeing 747-244BM Combi que había despegado desde Taipei, Taiwán con destino a Johannesburgo vía Mauricio sufrió un incendio catastrófico en su compartimento de carga principal cuando volaba sobre el océano Índico, a más de 1 500 km de la costa africana. El fuego pronto se descontroló y la aeronave se partió en el aire, perdiéndose en las profundidades del mar con sus 159 ocupantes sin posibilidad de supervivencia.
Las primeras señales de la emergencia fueron reportes de humo detectados por los pilotos y transmitidos a control aéreo en Mauricio. Menos de una hora después, el Boeing desapareció sin dejar comunicaciones adicionales, cerrando de golpe toda esperanza de un aterrizaje de emergencia. La búsqueda y recuperación fue una de las más complejas hasta ese momento: restos y cuerpos fueron localizados en la superficie y, tras una operación técnica sin precedentes, parte del fuselaje y al menos una de las cajas negras fueron recuperadas desde más de 4 800 metros de profundidad.
La investigación oficial, liderada por una comisión encabezada por el juez Cecil Margo, concluyó que el incendio se originó en la bodega principal, penetró en el fuselaje y dejó a la tripulación sin capacidad de control. Sin embargo, la causa exacta del fuego nunca fue determinada, lo que ha generado décadas de debate técnico y especulación pública, desde fallas en la carga hasta teorías más controversiales que involucran el contenido del cargamento y presiones políticas de la era del apartheid.
El accidente llevó a cambios en la reglamentación de los compartimentos de carga en grandes aeronaves, especialmente en los modelos “combi”, donde pasajeros y carga comparten la cubierta principal sin barreras suficientemente resistentes al fuego. Aerolíneas de todo el mundo revisaron sus procedimientos de carga y sistemas de detección, buscando evitar que un siniestro similar vuelva a ocurrir.
Hoy, más de tres décadas después, el Helderberg sigue siendo un símbolo de misterio y tragedia aeronáutica: una tragedia que cambió normas técnicas, estrategias de respuesta y generó una memoria colectiva que aún duele en familias, investigadores y aficionados a la aviación.
Fuente: Sebastian Palacin



