(Aeronoticias): BÉLGICA.— Un gigantesco incendio forestal convirtió a la reserva natural de High Fens, en el este de Bélgica, en escenario de una de las mayores operaciones de emergencia del país en 2026. Las llamas, que comenzaron el 14 de agosto, llegaron a consumir más de 3.000 hectáreas, superando ampliamente el anterior récord nacional registrado en 2011.
La magnitud del incendio llevó a Bélgica a solicitar ayuda internacional. La respuesta llegó también desde el aire: la Unión Europea desplegó tres helicópteros y dos aviones bombarderos de agua para reforzar las labores de extinción. Reuters confirmó además la participación de helicópteros neerlandeses en las operaciones sobre el incendio.
Las aeronaves fueron incorporadas al dispositivo europeo de emergencia mientras bomberos belgas, alemanes y luxemburgueses, militares y otros equipos trabajaban para contener el avance del fuego.
La operación aérea resultaba especialmente importante en High Fens, una extensa zona de bosques y turberas situada cerca de la frontera alemana. El terreno dificultaba el acceso de los vehículos terrestres y obligaba a concentrar los esfuerzos en distintos frentes simultáneamente.
El fuego alcanzó una dimensión superior a 3.000 hectáreas, más del doble de la superficie afectada por el anterior gran incendio registrado en Bélgica en 2011, cuando ardieron cerca de 1.400 hectáreas.
La situación también obligó a evacuar a habitantes de localidades próximas al incendio. Las autoridades establecieron líneas defensivas alrededor de las zonas habitadas mientras las llamas avanzaban hacia el sector fronterizo con Alemania.
Uno de los principales problemas para las brigadas fue que el incendio penetró en las turberas de la reserva. Este tipo de terreno puede mantener focos de combustión bajo la superficie durante largos periodos, incluso cuando aparentemente las llamas han desaparecido. Reuters informó que algunos sectores podían continuar ardiendo bajo tierra durante meses.
La meteorología complicó todavía más el trabajo aéreo. La lluvia y, posteriormente, la niebla llegaron a limitar las operaciones de las aeronaves, obligando a suspender temporalmente algunos vuelos de apoyo.
A pesar de estas dificultades, el componente aéreo permitió atacar desde arriba sectores que presentaban mayores problemas para las unidades terrestres. Los helicópteros podían operar sobre zonas de difícil acceso, mientras los aviones bombarderos de agua aportaban una capacidad adicional para descargar grandes cantidades de agua sobre los frentes activos.
En tierra llegaron a participar alrededor de 500 efectivos entre bomberos, militares, agricultores y equipos internacionales, incluidos refuerzos procedentes de Alemania y Luxemburgo.
El incendio de High Fens terminó convirtiéndose así en una operación internacional: Bélgica movilizó sus propios recursos mientras el mecanismo europeo de protección civil aportaba cinco aeronaves de extinción, demostrando cómo la aviación especializada puede convertirse en un elemento decisivo cuando un incendio supera la capacidad de respuesta de un solo país.
Para Bélgica, además, el episodio marcó un récord histórico. El incendio de High Fens fue descrito por Reuters como el mayor incendio forestal registrado en el país, con una superficie quemada superior a 3.000 hectáreas.
Fuente: Sebastian Palacin



