(Aeronoticias): El 27 de marzo de 1977, dos aviones Boeing 747 colisionaron en la pista del aeropuerto de Los Rodeos, en la isla de Tenerife, España. El accidente dejó 583 personas fallecidas y continúa siendo, hasta la actualidad, el desastre más grave en la historia de la aviación comercial.
Todo comenzó cuando una explosión ocurrida en otro aeropuerto de las Islas Canarias obligó a desviar numerosos vuelos hacia Tenerife, un aeropuerto que no estaba preparado para recibir tal cantidad de aeronaves.
La plataforma se saturó rápidamente y varios aviones tuvieron que permanecer estacionados incluso sobre las calles de rodaje, complicando las operaciones.
A esto se sumó un espeso banco de niebla que reducía considerablemente la visibilidad de pilotos y controladores.
En medio de esa situación, un Boeing 747 de KLM inició la carrera de despegue mientras otro Boeing 747 de Pan American aún se encontraba desplazándose por la misma pista.
La investigación concluyó que una combinación de factores provocó la tragedia: comunicaciones ambiguas entre la torre de control y las tripulaciones, mala visibilidad, congestión del aeropuerto y una interpretación incorrecta de las autorizaciones de vuelo.
Ningún factor por sí solo habría causado el accidente, pero todos coincidieron en el peor momento posible.
El impacto ocurrió a gran velocidad.
El avión de KLM apenas logró despegar unos metros antes de chocar contra el Boeing de Pan Am, que intentaba abandonar la pista.
La colisión generó un incendio de enormes proporciones que destruyó ambas aeronaves.
Tras el accidente, la industria aeronáutica emprendió una profunda revisión de sus procedimientos.
Uno de los cambios más importantes fue la estandarización del lenguaje utilizado entre pilotos y controladores aéreos.
Desde entonces, palabras que podían generar confusión fueron reemplazadas por frases específicas y universalmente aceptadas.
Por ejemplo, la autorización para despegar solo puede emitirse utilizando expresiones claramente definidas, evitando interpretaciones ambiguas.
Además, se fortaleció el concepto de Crew Resource Management (CRM), un sistema de trabajo en equipo que fomenta que todos los miembros de la cabina puedan expresar dudas, cuestionar decisiones y colaborar activamente durante el vuelo, independientemente de la jerarquía.
También se introdujeron mejoras en los radares de superficie de los aeropuertos, en la señalización de las pistas y en los procedimientos para operar con baja visibilidad.
Especialistas consideran que muchas de las prácticas de seguridad que hoy parecen normales nacieron como consecuencia directa de la investigación del accidente de Tenerife.
Paradójicamente, una de las peores tragedias de la aviación permitió desarrollar procedimientos que han contribuido a salvar innumerables vidas durante las décadas siguientes.
En conclusión, el desastre de Tenerife marcó un antes y un después en la seguridad aérea mundial. La tragedia dejó una lección permanente: en aviación, una comunicación clara y precisa puede ser tan importante como la tecnología más avanzada, y cada mejora implementada desde entonces busca evitar que una historia similar vuelva a repetirse.
Fuente: Sebastian Palacin



