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El día que un bombardero chocó contra el Empire State Building: el accidente que sorprendió a Nueva York en 1945

En conclusión, el accidente del B-25 contra el Empire State Building demostró que incluso una de las estructuras más emblemáticas del mundo podía enfrentarse a un evento extremo. Ocho décadas después, el episodio continúa siendo un recordatorio de la importancia de la navegación segura, la toma de decisiones en condiciones meteorológicas adversas y la constante evolución de la seguridad aérea.

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(Aeronoticias): La mañana del 28 de julio de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin, un hecho inesperado sacudió a la ciudad de Nueva York. Un bombardero B-25 Mitchell del Ejército de Estados Unidos se estrelló contra el piso 79 del Empire State Building, provocando un incendio y una de las emergencias aéreas más impactantes ocurridas en una zona urbana.

La aeronave había despegado desde Massachusetts con destino a Nueva Jersey. Sin embargo, una intensa niebla reducía la visibilidad sobre Manhattan, dificultando la navegación del piloto, el teniente coronel William F. Smith Jr.

A pesar de recibir la recomendación de aterrizar debido a las malas condiciones meteorológicas, el piloto decidió continuar el vuelo.

Minutos después, mientras intentaba orientarse entre los edificios de la ciudad, el avión impactó contra la cara norte del Empire State Building a unos 300 metros de altura.

La colisión destruyó varias oficinas y provocó un incendio alimentado por el combustible de la aeronave.

Uno de los motores atravesó completamente el edificio y cayó sobre una azotea cercana, mientras que otro descendió por el hueco de un ascensor, causando graves daños en su recorrido.

En total, 14 personas perdieron la vida: los tres ocupantes del avión y once personas que trabajaban en el edificio.

Decenas más resultaron heridas.

A pesar del fuerte impacto, la estructura del Empire State Building resistió el accidente sin comprometer su estabilidad.

Los ingenieros concluyeron posteriormente que el diseño de acero del edificio absorbió gran parte de la energía de la colisión, evitando un colapso mucho mayor.

Uno de los episodios más sorprendentes ocurrió con Betty Lou Oliver, una operadora de ascensores.

Tras el impacto, quedó atrapada y fue colocada en un ascensor para ser evacuada. Sin embargo, los cables cedieron y la cabina cayó más de 75 pisos. Increíblemente, sobrevivió al accidente, un hecho que aún figura entre las caídas de ascensor con supervivencia más extraordinarias registradas.

El accidente impulsó importantes cambios en los procedimientos de vuelo sobre grandes ciudades y reforzó las restricciones para operar en condiciones meteorológicas adversas.

También sirvió para revisar la coordinación entre controladores y pilotos en áreas urbanas densamente pobladas.

Especialistas consideran este suceso como uno de los accidentes aéreos urbanos más significativos de la historia de Estados Unidos, no solo por el impacto del choque, sino por las lecciones que dejó para la seguridad operacional.

En conclusión, el accidente del B-25 contra el Empire State Building demostró que incluso una de las estructuras más emblemáticas del mundo podía enfrentarse a un evento extremo. Ocho décadas después, el episodio continúa siendo un recordatorio de la importancia de la navegación segura, la toma de decisiones en condiciones meteorológicas adversas y la constante evolución de la seguridad aérea.

Fuente: Sebastian Palacin