(Aeronoticias): TAILANDIA.— Las fuertes lluvias e inundaciones que afectan a Tailandia provocaron una severa alteración de las operaciones aéreas en Bangkok, donde el aeropuerto internacional Suvarnabhumi, principal puerta de entrada y salida del país, continuó funcionando pese a que la crisis en tierra dejó vuelos retrasados, cancelaciones y miles de equipajes pendientes de procesamiento.
La situación alcanzó uno de sus puntos más críticos este martes 29 de septiembre, cuando Thai Airways informó que alrededor de 5.600 maletas permanecían varadas en Suvarnabhumi después de las interrupciones provocadas por las lluvias y las inundaciones en la capital. La compañía señaló que estaba trabajando para eliminar el retraso y que esperaba normalizar el procesamiento del equipaje progresivamente.
El problema no estuvo relacionado con el cierre de la pista principal del aeropuerto. Suvarnabhumi permaneció operativo, pero las dificultades para movilizar al personal y mantener la capacidad habitual de los servicios de tierra afectaron directamente la cadena que permite que un vuelo salga y llegue con normalidad: clasificación de equipaje, carga y descarga de maletas, atención a pasajeros, preparación de aeronaves y coordinación de las operaciones en plataforma.
Thai Airways reconoció que aproximadamente la mitad de su personal no pudo presentarse a trabajar debido a las condiciones provocadas por las inundaciones. Como consecuencia, la aerolínea anunció una reducción de alrededor de 30 vuelos desde Bangkok durante el martes, equivalente aproximadamente al 30% de sus salidas programadas desde la capital. La compañía indicó además que la reducción de vuelos se mantendría durante al menos tres días mientras intentaba recuperar su capacidad operativa.
La magnitud de la interrupción quedó reflejada también en la puntualidad. El director ejecutivo de Thai Airways, Chai Eamsiri, señaló que durante los dos días anteriores casi todos los vuelos habían sufrido retrasos y que menos del 3% había podido operar dentro del horario previsto, debido a que la capacidad operacional disponible no era suficiente para sostener el programa habitual.
El cuello de botella más visible para los pasajeros apareció en las salas de llegadas. Miles de viajeros tuvieron que esperar durante horas para recibir sus equipajes, mientras las maletas se acumulaban en las instalaciones aeroportuarias. Para una operación internacional de gran escala, el equipaje representa una cadena logística independiente del movimiento físico del avión: cada pieza debe ser descargada, identificada, clasificada y trasladada hasta la cinta correspondiente antes de llegar al pasajero.
La compañía anunció un refuerzo de personal para acelerar la distribución de las maletas pendientes. En otra declaración, el jefe ejecutivo de Thai Airways afirmó que unas 5.000 piezas de equipaje de sus vuelos permanecían en el aeropuerto y que esperaba resolver el retraso en un plazo de aproximadamente 72 horas.
La emergencia se produjo después de varios días de lluvias extraordinariamente intensas. Bangkok recibió alrededor de 320 milímetros de precipitación en apenas dos o tres días, una cantidad cercana a lo que normalmente recibe durante todo un mes de septiembre. Las inundaciones afectaron a decenas de provincias y provocaron importantes problemas de transporte y movilidad en la capital.
El aeropuerto, situado en el área metropolitana de Bangkok, depende de una extensa red de trabajadores para mantener sus operaciones. Aunque una pista pueda permanecer disponible y los sistemas aeronáuticos continúen funcionando, una reducción considerable del personal de tierra puede convertirse rápidamente en una limitación operacional. La situación demuestra cómo un fenómeno meteorológico puede afectar a la aviación incluso sin obligar directamente al cierre de un aeropuerto.
La crisis también alcanzó a los servicios de asistencia en tierra que Thai Airways proporciona para otras compañías. De acuerdo con declaraciones recogidas por Reuters, el ministro de Turismo de Tailandia cuestionó que trabajadores de Thai Airways hubieran sido destinados a atender operaciones de otras aerolíneas mientras la propia compañía enfrentaba dificultades para mantener sus vuelos y procesar equipaje.
Thai Airways, por su parte, pidió disculpas por la situación y desplegó recursos adicionales para recuperar el flujo de equipajes y pasajeros. Las cancelaciones incluyeron servicios nacionales y rutas internacionales, mientras la aerolínea intentaba reducir la presión sobre una operación que había quedado considerablemente por debajo de su capacidad normal.
El impacto no se limitó a los pasajeros que tenían Bangkok como destino final. Suvarnabhumi funciona como uno de los principales centros de conexión del sudeste asiático, por lo que una alteración de sus operaciones puede afectar itinerarios que utilizan la capital tailandesa únicamente como punto de tránsito. Un retraso en la entrega del equipaje o en la salida de una aeronave puede propagarse posteriormente a conexiones internacionales y vuelos posteriores.
La emergencia aeroportuaria coincidió con una crisis mucho más amplia. Las inundaciones habían afectado a 42 provincias de Tailandia y las autoridades reportaban al menos 23 fallecidos hasta este martes. El Gobierno también estimó daños por cientos de millones de dólares y aprobó recursos extraordinarios para atender la emergencia.
Desde el punto de vista aeronáutico, el episodio evidencia una diferencia importante entre la capacidad física de un aeropuerto y su capacidad operacional real. Una terminal puede conservar pistas, calles de rodaje y sistemas de navegación disponibles, pero si el personal que mueve equipajes, atiende aeronaves o coordina servicios no puede llegar al aeropuerto, el número de vuelos que puede manejar de manera segura y ordenada disminuye.
Las autoridades tailandesas esperan que la situación mejore conforme disminuyan las aguas y se restablezca la movilidad en Bangkok. Mientras tanto, Thai Airways mantiene una operación reducida para liberar capacidad y concentrar recursos en recuperar el flujo de equipajes y estabilizar sus vuelos.
El caso de Suvarnabhumi vuelve a poner sobre la mesa la importancia de la resiliencia de los grandes aeropuertos frente a fenómenos meteorológicos extremos. En una infraestructura donde miles de pasajeros y cientos de movimientos dependen de una cadena coordinada de servicios, una interrupción en tierra puede terminar teniendo el mismo efecto operativo que una restricción directamente relacionada con el vuelo.
Fuente: Sebastian Palacin



