Canadá: helicópteros, humo y una fuerza internacional para combatir los incendios de Columbia Británica

Y en una emergencia forestal, ganar tiempo puede significar mantener el fuego lejos de una comunidad.

0
8

Los incendios forestales que golpearon Columbia Británica, Canadá, durante agosto de 2026 pusieron a prueba una de las respuestas aéreas contra incendios más complejas de la temporada.

El fuego avanzó en una región marcada por temperaturas elevadas, vegetación seca y fuertes columnas de humo que dificultaban las operaciones aéreas.

Uno de los focos que más atención recibió fue el Bald Range wildfire, cerca de Summerland y Peachland.

Para el 8 de agosto, el incendio había superado las 10.300 hectáreas y había obligado a evacuar aproximadamente a 18.000 personas.

La respuesta canadiense terminó incorporando una combinación de helicópteros, aeronaves de extinción y personal internacional.

Diez helicópteros en el aire

En uno de los momentos más intensos de la emergencia, 10 helicópteros y un helicóptero equipado para operaciones nocturnas participaban en las labores contra los incendios.

Pero volar sobre un incendio forestal no es simplemente acercarse y lanzar agua.

El humo puede reducir drásticamente la visibilidad, mientras que las columnas térmicas producidas por el fuego generan turbulencia y corrientes ascendentes capaces de afectar el comportamiento de una aeronave.

Las autoridades de Columbia Británica informaron que precisamente esas condiciones estaban dificultando las operaciones aéreas.

Los pilotos tenían que trabajar dentro de un entorno en constante cambio, coordinándose con los equipos terrestres y con otras aeronaves que operaban simultáneamente en los mismos sectores.

El helicóptero nocturno

Uno de los elementos más llamativos de la respuesta fue la utilización de un helicóptero con capacidad de visión nocturna.

La ventaja de este tipo de aeronave es evidente: los incendios no desaparecen cuando cae el sol.

Sin embargo, realizar operaciones aéreas nocturnas sobre un incendio añade dificultades importantes.

El piloto necesita identificar obstáculos, cables, terreno elevado, humo y otras aeronaves prácticamente sin referencias visuales normales.

La utilización de sensores y sistemas de visión nocturna permite extender determinadas operaciones más allá de las horas de luz, aunque siempre dependiendo de las condiciones meteorológicas y de seguridad.

La emergencia se convirtió en internacional

Canadá no enfrentó solo la emergencia.

Cuando Columbia Británica solicitó apoyo, comenzaron a llegar especialistas de otros países.

La provincia recibió 34 integrantes procedentes de Australia, cinco de Nueva Zelanda y 214 de México, que se incorporaron a las operaciones junto con cientos de bomberos canadienses.

El objetivo no era simplemente aumentar el número de personas disponibles.

Los equipos internacionales aportaban experiencia en incendios forestales y podían integrarse en las estructuras de mando y operación existentes.

La cooperación internacional es especialmente importante durante temporadas en las que varios países sufren incendios simultáneamente y los recursos especializados son limitados.

Australia y Nueva Zelanda también cruzaron el Pacífico

La colaboración no terminó en Columbia Británica.

Durante julio y agosto, Estados Unidos también recibió personal especializado procedente de Australia y Nueva Zelanda para reforzar sus operaciones contra incendios.

El National Interagency Fire Center informó que una primera movilización llevó 74 especialistas, mientras que una segunda ola añadió otros 240 profesionales, que llegaron a Estados Unidos el 11 y 12 de agosto.

Después de recibir entrenamiento y orientación, fueron distribuidos por diferentes zonas del oeste estadounidense y la Gran Cuenca.

El último grupo regresó a sus países durante la segunda semana de septiembre.

Nueva Zelanda envió incluso personal militar

El 11 de agosto, una nueva delegación neozelandesa partió hacia Estados Unidos.

De los 57 integrantes de ese contingente, 43 pertenecían a Fire and Emergency New Zealand, cuatro al Department of Conservation, cinco a empresas forestales y otros cinco a la New Zealand Defence Force.

Su misión era apoyar las operaciones contra los incendios del noroeste estadounidense.

La experiencia de estos países es especialmente útil porque Australia y Nueva Zelanda poseen décadas de experiencia enfrentando temporadas de incendios forestales de gran magnitud.

Un incendio puede convertirse en una operación aérea multinacional

El caso de Columbia Británica muestra cómo la aviación se ha convertido en una pieza central de la lucha contra los incendios forestales.

Los helicópteros permiten transportar agua directamente hacia sectores donde los vehículos terrestres no pueden llegar.

Los helicópteros especializados pueden insertar personal cerca de los incendios.

Las aeronaves de observación permiten localizar cambios en el frente de fuego.

Y los equipos internacionales ayudan a mantener suficientes especialistas disponibles cuando una temporada particularmente intensa supera la capacidad normal de una región.

Pero todos estos recursos dependen de una condición fundamental: que puedan volar.

En Columbia Británica, el humo, la turbulencia y la intensidad de los incendios llegaron a dificultar precisamente esa parte de la operación.

Cuando el cielo también se convierte en un campo de batalla

La imagen desde tierra puede parecer sencilla: un helicóptero aparece sobre el incendio y descarga agua.

Pero detrás de esos segundos hay una operación mucho más compleja.

Hay pilotos calculando rutas.

Hay equipos de tierra transmitiendo información sobre el avance del fuego.

Hay coordinadores separando aeronaves.

Hay meteorólogos observando viento y temperatura.

Y hay personal internacional que debe integrarse rápidamente a una estructura de emergencia que ya está funcionando.

En Columbia Británica, esa maquinaria tuvo que mantenerse activa mientras miles de personas eran evacuadas y los incendios continuaban avanzando.

La aviación terminó siendo una de las principales herramientas para ganar tiempo.

Y en una emergencia forestal, ganar tiempo puede significar mantener el fuego lejos de una comunidad.

Fuente: Sebastian Palacin