(Aeronoticias): El 11 de noviembre de 2018, un Embraer ERJ-190 de la aerolínea Air Astana despegó desde el aeropuerto de Alverca, en Portugal, para realizar un vuelo de prueba después de trabajos de mantenimiento.
A bordo viajaban únicamente tres pilotos y tres técnicos. Lo que debía ser una revisión de rutina se convirtió rápidamente en una de las emergencias más complejas registradas en la aviación moderna.
Pocos minutos después del despegue, la tripulación descubrió que el avión era prácticamente imposible de controlar.
Cada intento por girar o mantener el nivel de vuelo provocaba movimientos bruscos e inesperados. La aeronave comenzaba a inclinarse violentamente hacia un lado y respondía de forma totalmente diferente a las órdenes de los pilotos.
Durante varios minutos, el Embraer realizó oscilaciones extremas mientras ascendía y descendía de forma descontrolada.
Los pilotos declararon la emergencia y solicitaron ayuda inmediata.
Tras analizar la situación, comprendieron que un error durante el mantenimiento había invertido parte de los cables del sistema de control de los alerones. En lugar de corregir los movimientos del avión, los controles los empeoraban.
Con gran dificultad, la tripulación descubrió una forma de estabilizar parcialmente la aeronave utilizando una combinación muy precisa de potencia de los motores, compensadores y movimientos mínimos de los controles.
La maniobra requería una coordinación extraordinaria entre los tres pilotos presentes en la cabina.
Durante más de una hora permanecieron buscando un aeropuerto adecuado para aterrizar mientras aviones militares portugueses despegaban para acompañarlos y evaluar visualmente el estado del avión.
Finalmente, la tripulación decidió dirigirse hacia la Base Aérea de Beja, una instalación con una pista larga y amplia que ofrecía mayores márgenes de seguridad.
La aproximación fue extremadamente difícil.
Cada pequeña corrección producía reacciones inesperadas, obligando a los pilotos a trabajar continuamente para mantener la aeronave alineada con la pista.
Después de varios intentos, el Embraer logró tocar tierra y detenerse de forma segura.
Las seis personas que iban a bordo sobrevivieron sin sufrir lesiones de gravedad.
La investigación confirmó que el origen del incidente fue un error durante el mantenimiento, donde algunos cables del sistema de control fueron conectados de manera incorrecta.
Tras el suceso, las autoridades aeronáuticas reforzaron los procedimientos de inspección posteriores al mantenimiento y revisaron los protocolos de verificación antes de autorizar un vuelo de prueba.
Especialistas consideran que la actuación de la tripulación fue extraordinaria.
El caso se estudia actualmente como uno de los mayores ejemplos de recuperación de una aeronave con controles parcialmente invertidos y de coordinación entre pilotos en una situación extrema.
En conclusión, el vuelo de prueba de Air Astana demostró que incluso un error de mantenimiento capaz de comprometer el control de un avión puede superarse gracias al entrenamiento, la experiencia y el trabajo en equipo. La investigación dejó importantes lecciones que hoy fortalecen la seguridad operacional en toda la industria aeronáutica.
Fuente: Sebastian Palacin



