La Hazaña de TACA 110: el Boeing 737 que aterrizó en un dique tras perder ambos motores

En conclusión, el vuelo 110 de TACA mostró que la experiencia, el entrenamiento y la capacidad para adaptarse a circunstancias inesperadas pueden marcar la diferencia en una emergencia extrema. Lo que comenzó con la pérdida de ambos motores terminó convirtiéndose en una de las maniobras de aterrizaje de emergencia más extraordinarias de la historia de la aviación.

0
11

(Aeronoticias): El 24 de mayo de 1988, el vuelo 110 de TACA Airlines cubría la ruta entre Belice y Nueva Orleans, Estados Unidos. A bordo viajaban 45 pasajeros y varios tripulantes en un Boeing 737-300, una aeronave relativamente nueva para la época.

Mientras se aproximaba a Nueva Orleans, el avión ingresó en una intensa tormenta asociada a una línea de cumulonimbos. La tripulación intentó rodear las zonas más peligrosas, pero la aeronave terminó atravesando una región con lluvias extremadamente fuertes y granizo.

Lo que ocurrió después sorprendió a los investigadores.

La enorme cantidad de agua ingresó a los motores y provocó que ambos se apagaran casi simultáneamente. De repente, el Boeing 737 quedó convertido en un planeador a miles de metros de altura.

La tripulación intentó reiniciar los motores siguiendo los procedimientos de emergencia, pero la altitud disminuía rápidamente y el aeropuerto estaba cada vez más lejos.

El comandante Carlos Dardano y el primer oficial Dionisio López comprendieron que probablemente no alcanzarían la pista.

Mientras evaluaban opciones, divisaron una estructura poco común: un largo dique cubierto de césped junto a un canal de drenaje en las afueras de Nueva Orleans.

Con escasa altura disponible y sin motores, decidieron intentar un aterrizaje de emergencia allí.

La maniobra requería una precisión extraordinaria.

El espacio era mucho más estrecho que una pista convencional y cualquier error podía provocar que el avión terminara en el agua o impactara contra obstáculos cercanos.

A medida que descendían, los pilotos lograron mantener el control y alinearon la aeronave con el dique.

El Boeing tocó tierra con fuerza, recorrió varios cientos de metros y finalmente se detuvo.

Milagrosamente, las personas a bordo sobrevivieron.

Solo se registraron algunas lesiones menores durante la evacuación.

La investigación concluyó que la combinación de lluvia extrema y granizo había alterado el flujo de aire dentro de los motores, provocando una pérdida total de potencia.

El incidente llevó a fabricantes e ingenieros a estudiar con mayor profundidad el comportamiento de los motores turbofan en condiciones meteorológicas severas.

También impulsó modificaciones en procedimientos operacionales y programas de entrenamiento para situaciones relacionadas con la ingestión masiva de agua.

Lo más sorprendente ocurrió después.

La aeronave sufrió daños relativamente limitados y fue recuperada del lugar del aterrizaje. Tras las reparaciones necesarias, el avión volvió al servicio comercial.

Actualmente, el caso de TACA 110 es estudiado en escuelas de aviación de todo el mundo como un ejemplo de gestión de emergencias, planeo de aeronaves comerciales y toma de decisiones bajo presión.

Especialistas consideran que la actuación de la tripulación evitó una tragedia y demostró la importancia de mantener alternativas disponibles incluso cuando las probabilidades parecen estar en contra.

En conclusión, el vuelo 110 de TACA mostró que la experiencia, el entrenamiento y la capacidad para adaptarse a circunstancias inesperadas pueden marcar la diferencia en una emergencia extrema. Lo que comenzó con la pérdida de ambos motores terminó convirtiéndose en una de las maniobras de aterrizaje de emergencia más extraordinarias de la historia de la aviación.

Fuente: Sebastian Palacin