El vuelo 9 de British Airways: el Boeing 747 que atravesó una nube volcánica y perdió sus cuatro motores

En conclusión, el vuelo 9 de British Airways demostró que un peligro invisible puede representar una amenaza extrema para la aviación. Gracias a las lecciones aprendidas, hoy las nubes de ceniza volcánica son monitoreadas constantemente, reduciendo significativamente el riesgo para millones de pasajeros en todo el mundo.

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(Aeronoticias): El 24 de junio de 1982, el vuelo 9 de British Airways despegó de Kuala Lumpur, Malasia, con destino a Perth, Australia. A bordo viajaban 248 pasajeros y 15 tripulantes en un Boeing 747-200. Lo que parecía un vuelo nocturno normal se convirtió en una emergencia sin precedentes cuando la aeronave ingresó, sin saberlo, en una enorme nube de ceniza expulsada por el volcán Galunggung, en Indonesia.

Al principio, los pasajeros observaron un extraño resplandor alrededor de las alas y del parabrisas. La tripulación también detectó un olor inusual y humo dentro de la cabina, aunque los instrumentos no mostraban ninguna falla importante.

Minutos después ocurrió lo impensable.

Uno tras otro, los cuatro motores del Boeing 747 dejaron de funcionar.

De repente, el avión quedó completamente sin empuje mientras descendía silenciosamente desde más de 11.000 metros de altitud.

El comandante Eric Moody informó a los pasajeros con una frase que se hizo famosa en la historia de la aviación:

«Señoras y señores, tenemos un pequeño problema. Los cuatro motores se han detenido. Estamos haciendo todo lo posible para volver a ponerlos en marcha. Confío en que no estén demasiado preocupados.»

Mientras el avión planeaba, la tripulación siguió los procedimientos para intentar reiniciar los motores una y otra vez.

A medida que descendían y abandonaban la nube de ceniza, el aire comenzó a ser más limpio.

Entonces ocurrió algo extraordinario.

Uno de los motores volvió a encender.

Poco después arrancó un segundo, luego un tercero y finalmente el cuarto.

Aunque el avión había recuperado potencia, los problemas no habían terminado.

La ceniza volcánica había actuado como una lija sobre el parabrisas, dejándolo prácticamente opaco. Los pilotos apenas podían ver el exterior durante la aproximación.

Además, varios sistemas del avión habían sufrido daños debido a las altas temperaturas generadas por las partículas volcánicas dentro de los motores.

A pesar de estas dificultades, la tripulación logró aterrizar con éxito en el aeropuerto de Yakarta, Indonesia.

Las 263 personas que iban a bordo sobrevivieron.

La investigación confirmó que la ceniza volcánica había ingresado a los motores, donde se fundió debido a las altas temperaturas. Posteriormente, el material volvió a solidificarse sobre las turbinas, provocando la pérdida total de empuje.

El incidente cambió para siempre la aviación.

A raíz de este caso se crearon los Centros de Aviso de Ceniza Volcánica (VAAC), encargados de monitorear erupciones en todo el mundo y emitir alertas para que las aeronaves eviten estas zonas.

También se desarrollaron mejores sistemas de detección, mapas de dispersión de ceniza y nuevos procedimientos para pilotos y controladores aéreos.

Actualmente, ninguna aerolínea comercial planifica sus rutas sin revisar previamente la actividad volcánica.

En conclusión, el vuelo 9 de British Airways demostró que un peligro invisible puede representar una amenaza extrema para la aviación. Gracias a las lecciones aprendidas, hoy las nubes de ceniza volcánica son monitoreadas constantemente, reduciendo significativamente el riesgo para millones de pasajeros en todo el mundo.

Fuente: Sebastian Palacin