De nuestro baúl taurino

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(Aeronoticias) ¿De qué están hechos los toreros? A pesar de todo lo que digan los detractores de la Fiesta Taurina en el sentido de que se trata de un espectáculo en el que los toreros abusan de un animal, de que en el toreo hay mucha mentira respecto al riesgo de, la realidad única y verdadera es que el peligro existe y que la muerte ronda en todas las Plazas, como lo demuestran los heridos y muertos desde la lejana antigüedad de la tauromaquia y lo que las noticias nos traen permanentemente.

La tragedia está presente cada tarde en el ruedo y ante ella está el ánimo y valor de los toreros que gallardamente se juegan la vida cada tarde. Testimonios hay muchos de cómo superan los trances trágicos impulsados por ese valor característico de esos hombres que poseen lo que se llama casta torera. Es impresionante ver como cuando un torero es herido, cuando recibe las primeras curas o bien cuando está ya atendido en una clínica después de alguna cornada, lo primero que piensan y averiguan es cuándo podrán volver a torear.

La historia de la tauromaquia tiene escritas muchas páginas de actos de valor y estoicismo de toreros que han seguido toreando estando heridos y de otros que después de cornadas gravísimas han vuelto a torear apenas están recuperados y aun hay otros que han vuelto a los ruedos cuando las heridas no han terminado de curar.

En lejanos tiempos, por ejemplo, se cita el caso de Manuel Domínguez”Desperdicios”, en el siglo XIX quien recibió una cornada en la cara que le destrozó un ojo que quedó colgando. La leyenda narra que dijo “no es ná lo del ojo” y volvió a torear. Acá en Lima hemos visto a Santiago Martín El Viti en una oportunidad en que fue cogido y herido siguió en el ruedo hasta concluir la faena y luego de matar al toro irse caminando a la enfermería de donde ya no salió para su segundo toro. Otro caso en la Feria de 1960, Paco Camino fue cogido de manera impresionante al torear de capote a su primer toro siendo llevado inconsciente a la enfermería, de la cual salió para matar a su segundo toro al que le hizo una excelente faena y le cortó las dos orejas. En España recordamos el caso de Jaime Ostos que fue herido gravemente en la Plaza de Tarazona de Aragón recibiendo la extremaunción en la enfermería. Pocos meses después reaparecería para volver a ocupar su lugar como figura del toreo que fue.

Y en tiempos recientes, no podemos dejar de citar el caso de Juan José Padilla. Fresco está aun el trágico acontecimiento de la terrible cornada sufrida por el diestro jerezano en la Feria del Pilar de Zaragoza del año 2011; sorprendió que apenas salió de la clínica perdida la visión del ojo izquierdo y con diversas limitaciones como secuela de la terrible cornada, inició su preparación para reaparecer al inicio de la temporada del año 2012 en la Plaza de Olivenza, triunfando y saliendo en hombros, con una fortaleza de ánimo tal que realizó una temporada triunfal que lo ha llevado a ubicarse en lugar preferente del escalafón.

Por último, hemos visto el video de la corrida de Miura realizada el domingo 15 de septiembre en Nimes. El sexto toro cogió al banderillero David Adalid cuando colocó un par al quiebro, llevándolo contra las tablas e hiriéndolo en la pantorrilla de la pierna derecha. El torero, pues los subalternos lo son, rogó que no lo lleven a la enfermería y pidió por favor que le dieran otro par de banderillas y así herido como estaba enfrentó al toro. Lamentablemente la disminución física le jugó una mala pasada pues el toro lo volvió a coger y le pegó una fuerte paliza. Esos gestos, vergüenza torera que le dicen, nos muestran la casta de estos hombres que nos inducen a admirarlos y a preguntarnos ¿De qué están hechos los toreros?



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