(Aeronoticias): ESTADOS UNIDOS.— La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) anunció el 5 de octubre una inversión de US$12 millones para financiar 19 proyectos de investigación y pruebas de drones, con el objetivo de desarrollar las tecnologías necesarias para ampliar de manera segura las operaciones de aeronaves no tripuladas dentro del espacio aéreo nacional.
Los proyectos forman parte del programa Unmanned Aircraft Systems Broad Agency Announcement (UAS BAA) y serán desarrollados por empresas y organizaciones que trabajarán conjuntamente con los nueve sitios de pruebas de sistemas no tripulados designados por la FAA.
El objetivo va mucho más allá de hacer volar drones de manera experimental. La FAA busca obtener información técnica sobre cómo estas aeronaves pueden compartir el espacio aéreo con aviones tripulados, helicópteros y otros usuarios sin generar nuevos riesgos para la navegación aérea.
Uno de los principales desafíos es permitir vuelos más allá de la línea visual del operador, conocidos como BVLOS (Beyond Visual Line of Sight). Actualmente, este tipo de operación requiere importantes condiciones y autorizaciones, pero representa una de las piezas fundamentales para desarrollar servicios comerciales de drones a gran escala.
Entre los proyectos seleccionados aparece General Atomics, que desarrollará sistemas terrestres destinados a ayudar a los drones a detectar y evitar otras aeronaves. Por su parte, Skydweller trabajará en sistemas instalados a bordo de grandes drones para mejorar su capacidad de evitar otros tráficos aéreos.
La tecnología de detección y evitación, conocida como detect-and-avoid, es particularmente importante porque un dron que opere durante largos períodos fuera del alcance visual de su piloto no puede depender exclusivamente de que una persona observe el cielo y detecte posibles conflictos.
Otro proyecto estará a cargo de Censys Technologies, que probará comunicaciones mediante satélite para operaciones de drones de largo alcance. Esta tecnología podría resultar fundamental para mantener el enlace de control y transmisión de datos cuando una aeronave no tripulada se encuentre a cientos de kilómetros de su operador.
También se estudiará el uso de radar pasivo. OneRadio Corporation probará esta tecnología como herramienta para ayudar a los drones a detectar otras aeronaves sin depender necesariamente de los mismos sistemas convencionales utilizados por la aviación tripulada.
La investigación también llegará directamente a los aeropuertos. ANRA Technologies recibió proyectos para desarrollar herramientas capaces de conectar los sistemas de gestión del tráfico de drones con los sistemas tradicionales de control del tránsito aéreo.
Esto podría ser especialmente importante en el futuro, cuando los drones comiencen a realizar operaciones frecuentes alrededor de aeropuertos, ciudades y zonas industriales. El desafío será conseguir que los operadores de aeronaves no tripuladas y los controladores aéreos dispongan de información compatible y puedan conocer la posición y trayectoria de los distintos vehículos.
ANRA también trabajará en herramientas destinadas a conectar operaciones de aerotaxis y vertipuertos con procedimientos de vuelo, mientras que otro de sus proyectos utilizará inteligencia artificial para identificar distintos tipos de drones.
La seguridad también incluye saber exactamente qué aeronave está volando. DroneUp desarrollará un sistema seguro para verificar la identidad de un dron y comprobar si cuenta con autorización para realizar una determinada operación.
Otros proyectos estudiarán la gestión del espacio aéreo reservado para drones en zonas urbanas, la vigilancia de rutas de largo alcance y sistemas capaces de coordinar diferentes misiones y recursos.
La FAA también financiará investigaciones sobre la visibilidad de los drones, un problema particularmente importante para la seguridad aérea. Oklahoma State University, por ejemplo, desarrollará tecnología de visibilidad dentro de su proyecto Aero Aware, mientras que SPS Aerial Remote Sensing trabajará en sistemas relacionados con sensores, gestión del tráfico de drones y operaciones contra aeronaves no autorizadas.
Todos estos proyectos serán probados a través de una red de nueve sitios de pruebas UAS ubicados en Alaska, Dakota del Norte, Nuevo México, Nevada, Nueva York, Texas, Virginia, Oklahoma e Indiana.
Estos centros permiten realizar ensayos en condiciones reales y recopilar información sobre el comportamiento de los sistemas antes de incorporarlos de manera más amplia al sistema nacional de espacio aéreo.
La importancia de esta investigación radica en que el crecimiento de los drones comerciales dependerá menos de la capacidad de fabricar aeronaves y más de la posibilidad de integrarlas de forma segura con el resto de la aviación.
Un dron utilizado para inspeccionar una torre eléctrica puede operar relativamente cerca de su piloto. Pero un sistema destinado a transportar paquetes entre ciudades, realizar vigilancia de infraestructura a cientos de kilómetros o apoyar servicios de emergencia necesita tecnologías mucho más avanzadas de comunicaciones, navegación, identificación y prevención de colisiones.
La FAA considera que los datos obtenidos mediante estos proyectos ayudarán a identificar los problemas operacionales que todavía deben resolverse y a determinar cómo integrar de manera segura estas aeronaves dentro del National Airspace System.
La iniciativa también se produce mientras Estados Unidos avanza hacia un marco regulatorio que permita operaciones BVLOS más habituales. Por ello, las pruebas financiadas no solamente tendrán valor tecnológico: también pueden proporcionar información que ayude a definir futuras normas para la operación de drones.
En la práctica, Estados Unidos está intentando construir una nueva capa de aviación en la que aviones comerciales, helicópteros, aeronaves privadas, drones de carga, aerotaxis y otros vehículos puedan compartir un mismo espacio aéreo mediante sistemas digitales capaces de identificar, comunicar y separar automáticamente los diferentes tráficos.
Los US$12 millones anunciados ahora son, por tanto, una inversión relativamente pequeña frente al tamaño potencial de la industria, pero apuntan a uno de sus problemas más importantes: cómo pasar de miles de vuelos experimentales de drones a operaciones rutinarias y seguras a gran escala.
Si estas tecnologías funcionan como espera la FAA, el resultado podría ser una transformación importante de la aviación durante los próximos años: drones capaces de volar distancias mucho mayores, operar cerca de aeropuertos y ciudades y realizar misiones comerciales sin que el piloto tenga que mantenerlos permanentemente a la vista.
La aviación no tripulada empieza así a dejar de ser solamente una cuestión de aeronaves y baterías. Su verdadero desafío será construir un sistema de control y gestión capaz de hacer que millones de vuelos autónomos puedan convivir con la aviación tradicional sin comprometer la seguridad.
Fuente: Sebastian Palacin



