Adiós a Enrique Zileri

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«Mamá, los policías están acá y no puedo irme a casa». le dije a la señora Doris Gibson a través de un teléfono anexo. Ella captó el mensaje y me agradeció.

Por la otra puerta del edificio de la revista Caretas, fecha en que se ubicaba en jirón Camaná, salió Enrique Zileri rumbo al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez mientras sucedía el cierre de la revista durante la dictadura militar del General Velasco Alvarado.

¿Cómo estuve envuelta en esa situación? Todo comenzó cuando inicié amistad con la periodista Marilucha García Montero, quien me llevaba un lounch, en el hotel Bolívar tras sacar buenas notas en la fecha de colegiala del colegio Divino Maestro.

Por esa razón conocí a la señora Doris Gibson y a muchos periodistas que se acostumbraron a ver una colegiala de uniforme que venía a dicho medio.

Una vez que Enrique regresó del exilio en Argentina, retomó la dirección de Caretas, la cual había parado desde su ausencia. Mientras él estaba en suelo patrio, yo ya trabajaba en Expreso, Correo y Ojo.

Pero siempre era amiga de la revista, visitándoles en los aniversarios y fechas importantes, La amistad que mantuve con Zileri se hizo más amena cuando él, por muchos motivos, iba al Hotel Country Club cuando yo me encargaba de Relaciones Públicas, y mandaba que me llamen para tomarnos un café.

Una vez me dijo; Contigo se puede hablar de cualquier tema, y eso no es fácil. Y agradecí el elogio.

Recuerdo también el regaño de Enrique cuando trabajé por primera vez en Caretas luego de salir del Country Club. Un día no verifiqué un nombre en mi (entonces) sección de la Página del Recuerdo, Es por todos conocido su genio  fuerte. Temblé. Poco tiempo después me preguntó si estaba asustada.

La última vez que he hablado con Enrique lo saludé por su  cumpleaños. Anteriormente había visitado la oficina de Caretas varias veces, pero no le había encontrado.

«Voy poco», dijo Zileri, «Estoy tratando de que Caretas camine y se conduzca  sin mi. Te llamo otro día» y se despidió. A su muerte, quiero decir mi dolor por la partida de Enrique como si él fuera un familiar.

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