La anexión de Crimea y la posición ucraniana e internacional

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(Aeronoticias) La península de Crimea, un enclave en el Mar Negro, siempre fue camino de pasaje de muchas civilizaciones – desde la Grecia antigua hasta el Imperio Otomano. Con sus paisajes de montaña y mar, con su clima cálido y el mar templado en el Imperio Ruso fue el lugar predilecto del veraneo de los zares y la nobleza y en los tiempos soviéticos preservó la fama del balneario nacional de toda la Unión.

Durante la Segunda guerra mundial, el 18 de mayo de 1944, por orden expresa del dictador Stalin más de 180 mil tártaros de Crimea que constituían la población autóctona de la península, fueron deportados a regiones del Asia Central (Uzbekistán, Kazajstán) por supuestamente haber colaborado con los ocupantes nazis. En su lugar empezaron a llegar los nuevos colonos, en su mayoría rusos, que repoblaban las casas y aldeas abandonadas por los tártaros, lo que provocó el cambio sustantivo en la composición demográfica. Pero esos nuevos colonos no tenían hábitos ni experiencia de trabajar en las estepas de Crimea, lo que llevó a la deterioración significativa de la situación económica en la península.

Considerando los lazos estrechos de Crimea con Ucrania, en febrero de 1954 el Gobierno de la URSS tomó la decisión de transferir la región de la República Socialista Soviética de Rusia a la República de Ucrania, que fue confirmada por los parlamentos de las dos repúblicas y por el parlamento de la Unión. En los años posteriores Ucrania llegó a construir toda la infraestructura necesaria para abastecer la península con agua potable, energía y otros recursos, habiendo invertido miles de millones de dólares en el desarrollo de la industria y el turismo.

Después de la desintegración de la Unión Soviética, Crimea se quedó como parte  integrante de una Ucrania independiente, lo que fue confirmado por varios acuerdos internacionales, incluido el Tratado de Amistad y Cooperación entre Ucrania y Rusia que preveía el respeto mutuo de las dos partes por la soberanía y la integridad territorial de cada una. Según la Constitución Ucraniana, la República Autónoma de Crimea era la única que tenía este estatus y gozaba de cierta autonomía en comparación con otras regiones, teniendo su Parlamento y su Gobierno republicano.

Lamentablemente, aprovechando la debilidad institucional de Ucrania después de los conocidos sucesos del Euromaidán y la fuga del entonces Presidente Viktor Yanukovych en febrero de 2014, Rusia, que se autoproclamaba “amiga y hermana de Ucrania” le asestó un golpe traicionero por la espalda, desplegando sus tropas camufladas por toda la península y promoviendo rápidamente un “referéndum” ilegítimo y fraudulento, violando la legislación ucraniana y sin ninguna observación internacional, cuyos resultados habían sido “dibujados” en Moscú. Luego el Kremlin se apresuró en reconocer “la voluntad del pueblo” y anexar la República.

Sin embargo, para Ucrania, al igual que para todo el mundo civilizado, Crimea sigue siendo parte del territorio ucraniano y se considera un territorio temporalmente ocupado. En un año y medio de ocupación Rusia ha convertido la península en una región extremadamente militarizada, al mismo tiempo privando la población local de la mayor parte de sus ingresos que tenían por el turismo. La situación con los derechos humanos, en primer lugar de los tártaros y de los ucranianos que se pronunciaban en contra de la ocupación ilegal de Crimea, se ha deteriorado considerablemente, lo que reflejaron en sus informes varias misiones de organizaciones internacionales (OSCE, el Consejo de Europa, entre otras) que visitaron la península, con muchas personas muertas, desaparecidas o sentenciadas por tribunales rusos por delitos que no habían cometido.

El mundo nunca reconoció la anexión de Crimea perpetrada por Rusia en flagrante violación del derecho internacional, de los tratados suscritos y rompiendo todo el orden creado en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Un gran número de países occidentales han impuesto sanciones contra Rusia y contra las ilegítimas autoridades locales. Rige la prohibición a las empresas extranjeras de operar en Crimea, incluidas compañías aéreas y de navegación a las cuales están cerrados los puertos marítimos y aeropuertos de la península. El número de turistas, actualmente en su mayoría rusos, se ha reducido a niveles nunca vistos. Más aún, todos los extranjeros que visitan Crimea sin haber coordinado su viaje con las autoridades ucranianas, o sea violando las Reglas establecidas por el Gobierno Ucraniano de ingreso en el territorio ocupado, corren el riesgo de ver prohibida su entrada a Ucrania en el futuro, como ya sucedió con un grupo de parlamentarios franceses o el ex-Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi.

La estrategia de Ucrania para recuperar Crimea excluye cualquier posibilidad de acción militar, sino pasa por el terreno de la justicia internacional. Estamos recogiendo y acumulando pruebas de violación del derecho internacional que posteriormente serán presentadas en las Cortes europeas y mundiales. El problema aquí es que la Federación Rusa hace tiempo que perdió cualquier respeto por las leyes internacionales y no honra ni sus propios compromisos asumidos en el ámbito de diferentes tratados y acuerdos tanto bi- como multilaterales.

Crimea fue simplemente robada de Ucrania y aquí pasa más o menos lo mismo que con un celular robado. El ladrón puede usarlo unos días mientras dure la batería pero luego va a necesitar de recarga. Pues la “recarga” de Crimea es Urania. Sin tener esta recarga y bajo la ocupación rusa Crimea se ha convertido en un “ghetto” aislado del resto del mundo. Esto fue claramente comprobado en los últimos días cuando los tártaros, junto con otros activistas, bloquearon los tres puntos de entrada terrestre en Crimea no dejando pasar camiones con mercancías al territorio ocupado.

Estamos seguros que tarde o temprano será claro para todos que Crimea no puede funcionar económicamente sin Ucrania y todo va a depender de la rapidez con que la población de Crimea tome la conciencia de que fue engañosamente usada y manipulada en un juego de intereses ajeno a su voluntad. Esperemos que no sea demasiado tarde.

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