Boxeador Carlos Monzón tejió su éxito contra Benvenutti hace 40 años

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(Aeronoticias) Mañana se cumplirán 40 años de la segunda pelea entre Carlos Monzón y Nino Benvenuti y en estas líneas vamos a hacer el intento de recrear aquel desquite frustrado del italiano, el que desencadenó su derrumbe final y le marcó el definitivo camino del retiro.

Por eso mismo, ésta es -de alguna manera- la crónica de una “muerte anunciada”; no porque busquemos parafrasear gratuitamente la obra homónima de Gabriel García Márquez, sino porque, como en la novela del célebre escritor colombiano, aquí -si bien no existe un asesinato de por medio- los protagonistas también construyen sus roles a partir de destinos bien definidos y marcados, sin poder desligarse de ellos.

Boxeador Carlos Monzón tejió su éxito contra Benvenutti hace 40 años

La contienda Monzón-Benvenuti II tuvo lugar en el estadio Louis II de Montecarlo (Mónaco), el 8 de mayo de 1971, pero podría decirse que Nino empezó a perderla mucho antes: tal vez en el momento que aceptó un segundo combate con Carlos, motivado por una revancha que no lo dejó ver la realidad (su realidad) y jugó negativamente en él.

Habían pasado sólo seis meses del primer choque entre ambos en Roma -ocurrido el 7 de noviembre de 1970- y el recuerdo de aquella histórica jornada del Palazzo dello Sport aún latía en ambos, pero con incidencia disímil.

Monzón estaba en sus cabales, dispuesto a iniciar un largo y fructífero reinado. “Quédense tranquilos, el título vuelve para allá”, fue el primer mensaje que mandó para Santa Fe a través del enviado especial de El Litoral y LT 10, Pedro Oscar Roteta. Quería hacer sentir que era el nuevo campeón y en los entrenamientos hasta llegó a castigar durísimo a sus parteneires, en clara señal de fortaleza. Benvenuti, en cambio, no podía con su alma ni con su cuerpo.

Por su parte, Nino estaba abrumado, trataba de convencer a sus connacionales que el traspié anterior había sido un descuido -una mala performance que se podía remediar-, pero evidentemente no era así. En 1980, en entrevista con El Gráfico, reconocería que se equivocó, que no tendría que haber tomado tan rápido otro choque con Carlos, ya que no se había recuperado de la derrota anterior: “Andaba como en una nube, no me sentía del todo bien; en la pelea me pasó algo extraño, pensaba cada paso que quería dar pero las piernas no me respondían, estaban rígidas”.

Ya en los meses previos al desquite hubo un llamado de alerta que Benvenuti no supo o no quiso “ver” en su real dimensión: su pelea del 17 de marzo en Bologna contra el sanjuanino José Roberto Chirino. Este último, apenas un buen probador, terminó desnudando la innegable decadencia pugilística de Nino, porque lo tiró dos veces a la lona y se quedó con una decisión mayoritaria en 10 rounds, que debió haber sido mucho más lapidaria y ecuánime.

Algo andaba mal; Nino se acercaba al punto final de su brillante carrera deportiva. Monzón, por el contrario, era dueño de una seguridad asombrosa. Había estado “calentando motores” como campeón mundial en la Argentina, con presentaciones fuera de título en las que propinó recetas parecidas a Charley Austin, Domingo Guerrero y Roy Lee, a quienes superó en el segundo asalto. Todos lo notaban mejor que antes; más fuerte, equilibrado, vigoroso y potente; con mayor velocidad y mucho más “aire”; hasta mejor alimentado y mejor dormido.

Las apuestas lo daban levemente favorito a Carlos (2 a 1), pero porque muchos fanáticos de Nino aún creían en él y en sus explicaciones posteriores a la debacle de Roma, cuando había subestimado al argentino. Se insistía con que estaba en gran estado y que no iba a tener problemas en recuperar la corona, pero en su campamento reinaba el hermetismo y sus entrenamientos eran secretos. Es más, quienes habían podido vulnerar la intimidad de su concentración de Bordighera (Italia), aseguraban que estaba demasiado lento, con un respaldo físico y anímico poco convincente para detener al sanjavierino, que “cortaba como navaja” y se veía sanamente confiado.

Confianza contra misterio

En los días previos Monzón se esforzó por entregar todo su repertorio de golpes, sin esconder nada. Amílcar Brusa, Tito Lectoure y el profesor Patricio Russo debían gritarle en el guanteo para que se frenara y le diera un poco de respiro a los sparrings, contra quienes “mostraba” su enojo por las críticas que parte del periodismo italiano le había dispensado antes del primer combate con Benvenuti. “No me olvido que decían que yo no pegaba y que no tenía chances de vencer”, remarcaba Carlos, al que eso lo había sacado de quicio.

En Montecarlo no quiso que le pidieran guanteos “livianitos”; quería “arrancarle” la cabeza al que Brusa le pusiera enfrente, para que todos supieran realmente cómo pegaba. “No le puedo pedir que trabaje liviano porque se siente atado y no le sale nada”, expresaba Amílcar a quien quisiera oírlo.

“Le gané antes, cuando todos lo ensalzaban y yo no lo conocía; ahora que conozco su boxeo lo venceré más fácilmente, le daré una paliza”, respondió Monzón el día del pesaje, en una conferencia armada para periodistas franceses e italianos.

Por su parte, aun en la ceremonia del control del peso, Benvenutti y Bruno Amaduzzi (su manager) jugaron “al misterio” y no quisieron cruzarse con el equipo argentino. Esto último le puso un poco de pimienta a la confrontación, pero fue sólo eso, porque la pelea, como tal, duró apenas un round.

Es cierto, concluyó cuando iban 1 minuto y 5 segundos de la tercera vuelta, cuando Amaduzzi le tiró la toalla a su peleador en señal de abandono (en la nomenclatura actual figura como KOT 3), pero como rivalidad sobrevivió sólo los tres minutos iniciales. Ni bien empezó el segundo asalto, Nino (72,572 kgs) conectó un excelente swing de izquierda en el costado derecho de la cabeza de Carlos (72,300 kgs), pero éste ni se inmutó y replicó con una contra similar que desmanteló al italiano, que segundos después caería por primera vez. La segunda caída fue en el tercer episodio y apuró una nueva cuenta de parte del árbitro argentino Víctor Avendaño, rápidamente interrumpida por el descripto accionar de Amaduzzi.

Fue la última pelea de Nino, quien en un principio se enojó feo con su mentor (“no estaba ni transpirado”, dijo), pero enseguida aceptó la decisión y lo perdonó, sabiendo que lo había hecho para salvaguardar su salud. A los pocos meses anunció el retiro del ring, dejando atrás una trayectoria rentada de 90 salidas al ruedo, con 82 victorias (40 KO), 7 derrotas y 1 empate. Fuente: El Litoral

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