Eutanasia: ¿Una muerte digna?, por Jefrey Buenaventura

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(Aeronoticias).- En estos últimos veinte años el mundo ha ido sufriendo una serie de «cambios» por medio de olas ideológicas que en el trasfondo del asunto pretenden imponer nuevos estilos de vida sin medir las graves consecuencias que trae consigo.

La modificación de ciertos términos, la inclusión de otros como la ideología de género y la variación de conceptos en cuanto a la dignidad de la persona humana esta generando una grave confusión en la humanidad.

La libertad de crear y derogar leyes en favor a estas ideologías está deformando la moral humana, los valores y el amor hacia uno mismo.

La aceptación consciente de la persona ante el inicio del sufrimiento por causas naturales de cualquier enfermedad no debe remitirse a la huida del dolor.

El error de pensar en el suicidio asistido en medio de la desesperación y pánico por el dolor no es morir con dignidad. Es una acto de cobardía.

La etiqueta de hoy con la que nos presentan la eutanasia pretende tener repercusiones distorsionadas en cuanto al concepto de «dignidad».

Esto pasa también con el aborto que pretende legalizarse como si de un «derecho» se tratase y quienes lo promueven, maquillan esta práctica como una simple «interrupción del embarazo». Por cierto, una «interrupción» que jamás volverá a tener reinicio.

Morir con dignidad no es morir sin dolor

La dignidad no se mide por la valoración del dolor o el sufrimiento. La dignidad es parte del respeto inherente a la vida. Es aceptar el placer y el dolor sin huir de las mismas bajo ninguna circunstancia.

Morir con dignidad es morir habiendo aceptando la vida y ahora aceptando también la muerte. Y en ese sufrimiento, aquel que sufre no es el único pues los lazos familiares también se unen al ‘vía crucis’ del convaleciente.

Morir con dignidad es morir rodeado de tus seres queridos, familiares o amigos. La muerte digna es un dolor que aceptan los valientes hasta el último suspiro en esta vida.

La asistencia, el afecto y la reducción del dolor por medio de fármacos es la mejor vía para hacer frente al sufrimiento por la enfermedad. En la actualidad existen tratamientos paliativos que no permiten que el dolor se vuelva totalmente insoportable.

No hay que pensar en la muerte como una salida al dolor. Y es que, «una persona que se siente querida no puede desear la muerte».

La eutanasia es una falsa compasión, un crimen, a la que se recurre con fines muchas veces egoístas, malintencionados y viles.

«No es lícito dar a un enfermo una inyección con el propósito de provocar la muerte, ya inevitable, apoyados en el piadoso deseo de que no sufra.»

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